martes, 30 de agosto de 2016

I Jornadas sobre Irueña: caminos de vida para el castro



En 2015 se creó la Asociación de Amigos del Castro de Irueña con el fin de la promoción e impulso de acciones encaminadas al mejor conocimiento, divulgación y puesta en valor del yacimiento.


Dentro de aquellas se incluye la celebración de las Primeras Jornadas sobre el Castro de Irueña, cuyo balance no puede ser más que positivo, sea cual sea el grado de interés del asistente, desde el vinculado emocionalmente a Fuenteguinaldo hasta el profesional o titulado, pasando por el aficionado a la Historia, sea más o menos riguroso en su pasión. Durante dos  días se aportaron conclusiones, pocas, reflexiones y propuestas de acción, muchas, como debería ser en cualquier puesta en común de ámbito académico. 


Charlas en las que se compartieron muchos datos de interés sobre el castro, su historia, su descubrimiento y sus posibilidades. Se trata de un terreno de tránsito inseguro, tanto desde el punto de vista de la interpretación del pasado, la que bascula entre el pretendido análisis metódico del objeto de estudio y la devoción entusiasta, como de las posibles vías de recuperación, pretendiendo marcar los caminos de futuro más convenientes para el devenir de ese tesoro de alcance incierto que se oculta bajo nuestros pies.


En todos los pueblos de España hay foros donde se relata sobre su belleza, pasado más o menos remoto o personal, sobre la excelencia de “lo nuestro”, lo que está muy bien, ha de ser así, porque es una forma de crear comunidad, promocionar y compartir cultura. Pero el castro de Fuenteguinaldo como objeto de atención, exige el rigor de una disciplina científica. A partir de ahí, en el diseño del futuro entran en juego muchos factores relacionados con los dictámenes técnicos y sobre todo con la disponibilidad de recursos para buscar la vía más provechosa para todos.


Julio Mangas Manjarrés, catedrático de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid, tras su jubilación profesor emérito y honorífico, mantiene el tono sereno y educado del que sabe mucho, porque el cuento siempre va a así: el que ha leído mil libros sabe con certeza algo que no conoce el que ha leído diez, sabe cuánto le resta por aprender, que siempre ha de ser casi todo. 


La clase de Don Julio, porque de eso se trata, del privilegio de asistir a las enseñanzas y dudas de un maestro, está sembrada de indicios y posibilidades que desde su inconcreción aporten un fresco general de la vida en la vieja población de Urunia –en sus diversas acepciones-, motivo de nuestra reunión.


Partiendo de un hecho capital, el de Urunia como cabecera de ciudad romana, pasando a partir del año 70, bajo el gobierno de Vespasiano, al rango de municipio latino se pergeñan las pinceladas de un cuadro de vida, el de aquellas gentes que nos siguen hablando desde muy lejos, en un tono apenas perceptible, pero entendible si prestamos atención, sobre sus vidas y quehaceres, sobre sus ganados,  el trajín de las minas en Sierra de Gata, sus dioses y política como testimonio de la convivencia y exponente de una estrategia de integración silente, la del conquistador invencible más aún en la paz que en la guerra.


Fecha importante es la de la donación de sus terrenos al obispado de Ciudad Rodrigo en el siglo XII. Ahí es donde muchos restos son trasladados y las historias se mezclan –esa preciosa ara dedicada a Domiciano que tanto me gusta desde chaval-, cuando los orígenes y rango de aquella Civitas Augusta o Miróbriga se ven afectados, incluso hasta el emblema de nuestra ciudad comprometido.


Julio Mangas midió el diámetro del fuste de las Tres Columnas cuando fueron trasladadas en 1973 a su ubicación actual y advierte que coincide con el de las basas que se hallan en Irueña, lo que podría explicar su origen, comprometiendo el relato histórico, armazón de identidad, lo que invita, además de continuar con las investigaciones, entre ellas el inevitable análisis petrográfico para confirmar o descartar esta hipótesis. Aunque entiendo imposible el anhelo,  concibo la Historia como tendencia a ciencia aséptica, a la recopilación e interpretación de hechos y datos que nos ayudarán a construir el relato cuyo finalidad o mito me han de ser por completo ajenos.


Ahí están también otras huellas y restos que nos siguen proporcionando pistas, algunas de reciente hallazgo como el miliario o el sarcófago en el molino del Sobrao, la cabeza del verraco o las alrededor de quinientas piezas encontradas en el cauce del río. Pieza a pieza construyen el relato de una historia que comienza desde los pobladores locales que se integran en la forma de vida importada más allá de los Pirineos aun conservando divinidades y estilo local, y que finalmente se pierde hasta el abandono de la población, probablemente progresivo a partir del siglo III, para entrar en esa larga etapa de visión tan escasa y oscura en nuestras tierras, que se sigue estudiando con pasión y tesón por unos pocos (restos de la Genestosa). 


Todo son líneas para investigación –como por ejemplo la raíz romana de los molinos, algo sí confirmado en todos los países limítrofes que aquí no ha merecido atención- que, en la medida de lo posible, ofrecerán respuestas. Respuestas que se ocultan bajo el manto del silencio protector de la tierra húmeda, aguardando su momento para confirmar o desmentir mucho de lo supuesto y publicado.


En la segunda charla, impartida por Emilio Vidal Matías, Coordinador de Patrimonio Histórico de la provincia de Salamanca se nos cuenta el ejemplo de la marca “Territorio Vetón”  que acoge la experiencia con los castros de Las Merchanas en Lumbrales y Yecla de Yeltes.


Se nos hace un repaso de su proceso de rehabilitación y revalorización en el siglo XXI, actuaciones y posibilidades reseñables tanto desde el punto de vista científico o histórico como de su configuración como centro visitable, exponente del turismo arqueológico en el que  esa suerte de parque temático ha de ofrecer estímulos al curioso, como esas imágenes idealizadas en paneles de lo que pudo ser esa convivencia de los de aquí con los de allí, de las construcciones romanas con las de los nativos, además del necesario pequeño museo o aula de interpretación.


Algunas de esas preguntas o hipótesis encontrarán respuestas más atinadas cuando se comience a trabajar en el castro, cuando se ejecute el proyecto encargado por la Dirección General de Patrimonio de la Junta de Castilla y León, ya aprobado. Manuel Carlos Jiménez González, arqueólogo encargado de la redacción del proyecto con Ángel León Ruiz y José Carlos Marcos Berrocal, nos ofrece la última charla para cerrar las jornadas.


Respecto al devenir puramente administrativo, sobre la titularidad del objeto de desvelos, se trata de un paraje expropiado por la  Confederación Hidrográfica del Duero que pasará próximamente al Ayuntamiento de Fuenteguinaldo. 


A la vez que nos describe la dura recogida de datos para la elaboración del proyecto, el estado de  distintas partes del castro y las vías de actuación que se proponen, nos vamos quedando con datos y curiosidades que ya no marcharán de nuestra memoria: 1822 metros de muralla, 14 hectáreas, 3 puertas, la bautizada “calle” por Domingo Sánchez similar a las puertas de Merchanas –mismas cornisas-, la zona de los “casetones” como la más poblada, donde se adivinan muchas construcciones, el foro pecuario, los hornos, el verraco de Tabera de Abajo probablemente muy similar a la famosa “yegua”.

Verraco de Tabera de Abajo

Se nos detallan los posibles itinerarios de visita y la señalización una vez se ejecute el proyecto además de su presupuesto. Manjarrés apunta que quizá fuera mejor no ser tan ambiciosos, excavar una pequeña zona y mantenerla limpia, porque si pretendemos trabajar una zona muy amplia puede que en poco tiempo se encuentre de nuevo intransitable. En fin, tengo cuarenta y cinco años, espero ver en todo su decadente esplendor un paraje, no lo olvidemos, de indudable belleza, balcón privilegiado sobre el Águeda, mirador encantado, otro seguro estímulo para el posible visitante.


Al final se coló por una esquina, pero se venía haciendo raro que en un artículo sobre Irueña no apareciera un nombre: Domingo Sánchez. Acabamos con él, con el que casi lo empezó todo, cuya figura aparece sobrevolando toda la charla, y con ello me quiero despedir,  con Don Domingo  Sánchez Sánchez, humanista discípulo de Ramón y Cajal, un hombre del Renacimiento que viviendo en tiempos convulsos, con su entusiasmo como motor, llevó a cabo a principios de los años treinta la excavación puerto de embarque o mejor puente, la que  provocó la comezón de saber, la de seguir sabiendo que hay ahí casi cien años después, esperando el siguiente paso al de aquel hombre extraordinario que se propuso resucitar aquella “fortaleza arruinada”,término que figuraba en las respuestas del Catastro de Ensenada del XVIII, y que tristemente se sigue ajustando a la realidad.

martes, 23 de agosto de 2016

Al lío


De nuevo comenzamos una de las semanas más estimulantes del año en Ciudad Rodrigo. Semana de vacaciones en la que, tras estudiar por la mañana, toca relajarse y disfrutar cada tarde para seguro econtrar vivas palabras de vida que me mostrarán, al menos por un instante, ese algo más que algunos rastreamos a cada paso. 

Después, sobre todo a partir de octubre, la vida pública de Ciudad Rodrigo en gran medida se reduce a si los toros han de venir desde más arriba o más abajo, lo que no deja de ofrecer cierto interés antropológico, no la ubicación, sino el desvelo.

Y seguiríamos con la carnavalización de la Semana Santa, que esa es otra.

Tercera Feria de Abril

Acabo con un magnífico poema de Wislawa Szymborska sobre el teatro y la vida. Hace unas semanas le pedían a Juan Goytisolo que recomendara un libro y mencionó la "Antología poética" de la nobel polaca, el volumen de la editorial Visor que yo acababa de terminar. Como para él, para mí también ha sido todo un descubrimiento - a pesar de que hace unos años ya había publicado un par de poemas en el blog-. Imposible no enamorarse de esta poeta de lo sencillo, que escribe sencillo y certero sobre lo más cercano y simple, ansiando pureza, huyendo del artificio, extrayendo la esencia de lo que a todos nos importa, siempre lo mismo. Alguien dijo que los temas siempre son los mismos, lo que cambia es su tratamiento. He aquí una forma de mirar personal y cercana capaz de atrapar algo de verdad.
 Impresiones teatrales

Para mí, lo esencial de una tragedia es el sexto acto:
el resucitar de los muertos en la batalla del escenario,
el retocar pelucas y vestuario,
el arrancar el puñal del pecho,
el quitar la soga del cuello,
el unirse en fila a los vivos
de cara al público.

Saludos individuales y colectivos:
la mano blanca en el corazón herido,
la reverencia de la suicida,
la inclinación de la cabeza cortada.

Saludos en pareja:
la ira ofrece el brazo a la mansedumbre,
la víctima mira extasiada los ojos del verdugo,
el rebelde acompaña al tirano sin rencor.

El pisotear la eternidad con la punta de un borceguí dorado.
El disipar moralejas con las alas del sombrero.
La incorregible disposición a volver a empezar a partir de mañana.
La entrada en fila india de los muertos mucho antes,
en el tercer acto, en el cuarto, en los entreactos.
El milagroso retorno de los desaparecidos sin rastro.
Pensar que entre bastidores han aguardado pacientes,
sin quitarse las vestimentas,
sin limpiarse el colorete,
me conmueve más que los monólogos de una tragedia.

Pero lo en verdad solemne es la bajada del telón
y lo que se sigue viendo por una estrecha rendija:
aquí una mano que se precipita hacia una flor,
allá, otra mano recoge la espada caída.
Y sólo entonces una tercera mano, la invisible,
cumple con su cometido:
me agarra por el cuello.