domingo, 16 de agosto de 2015

Loquillo en Ciudad Rodrigo, Rock and Roll Actitud


Durante mi vida he visto cientos de conciertos, pero hacía más de 25 años que no me reencontraba con Loquillo. Entonces, en la Plaza Mayor de Salamanca, transitaba uno de esos momentos clave en la historia de una vida, que durante la adolescencia son tantos, el de mi despertar cultural, también musical.

Tenía pelo, tenía tupé y amaba el rock and roll como debe ser, de forma visceral, siempre irracional. Hoy, que desapareció el tupé y hasta el pelo, hoy, que tengo muchas más palabras y conocimientos para retratar qué es la música o un concierto, se supone que mucho gané, ya que aunque mi último artículo sea sobre Lemmy Kilmister, he de reconocer que entre mis músicos favoritos se coló desde Bach a Coltrane

Loquillo viene contando qué es el rock desde siempre, primero valiéndose de la brillante lírica de Sabino Méndez, llena de la imaginería importada pero no impostada, de sus-nuestros grandes ídolos del otro lado del Atlántico. Después, ya en solitario, sirviéndose de esas letras que basculan entre la declaración y el manifiesto vital, tan marca de la casa, reclamando autenticidad en un mundo que muchos consideramos demasiado acelerado.

Loquillo ha de ser uno de los cantantes que más utiliza el término "rock" en sus letras, para mostralo orgulloso, definirlo y definirse. Para ello, el oficiante maestro de ceremonias se vale de toda la liturgia rockera, la que discurre entre lo teatral y lo circense, donde todo lo ridículo de un afectado saludo, una sonrisa sardónica o la simple forma de sujetar un micrófono distingue al bendecido del aficionado, donde brilla la estrella en la que se confundieron hace años persona y personaje.

Porque al final te sirves de rubias, martinis, cadillacs y L.A, para hablar sobre lo que siempre habla el buen arte: del paso del tiempo. Hoy, que puedo entender mejor que nunca el último verso de "Cadillac Solitario", gritado en mi Ciudad Rodrigo, trazando un íntimo círculo perfecto, hoy que puedo llegar a explicar qué es ser joven porque ya no lo soy, no soy capaz de sentir el rock como entonces porque ya no soy aquel muchacho, en el que todo su espíritu era tierra fértil para semillas. 

David, de Sabor Amargo, despedía su vibrante concierto con fúnebre contrapunto a la música que cerraba su participación, avisando del peligro de extinción del rock. Ambos sabemos que aunque el rock ciertamente hoy es un género menor, sigue atesorando el secreto de su magia, el de lo instantáneo, el que, como todo lo valioso, se ha de sentir pero no comprender, al que no le sirven las palabras por mucho que yo me siga empeñando.