lunes, 1 de diciembre de 2014

Centro de Estudios Mirobrigenses: pasión por los suyo, pasión por lo nuestro



Había una sección en Muchachada Nui (no de las más afortunadas, por cierto) que se llamaba "Pasión por lo suyo", en la que se retrataba con el absurdo lenguaje y humor de los manchegos,  a genios de la historia vistos en su tiempo como algo majaras por esa fijación en lo que les entusiasmaba, lo que finalmente les dio el billete a la inmortalidad.

Muy lejos de mi intención decir que los miembros del Centro de Estudios Mirobrigenses han perdido la chaveta. Simple excusa para reconocer una labor, la del investigador, la de la búsqueda del detalle siempre escondida, al que solo le sirve la lupa, la fuente autorizada, sea un sucio legajo o la letanía del anciano, nunca los grandes rasgos o lugares comunes.

Su motivo de desvelos es y será nuestra cultura, entendida como nuestro verdadero hogar, el de hoy y el de siempre, buscando que nada se pierda, sabiendo que cada tesela del pasado que se nos escapa entre los dedos es una parte de nosotros mismos que se esfuma

Yo, aun siendo con libros y aprendiendo con lo que más disfruto, soy culo inquieto desde chaval, queriendo llegar a todo sin alcanzar nada, que mucho abarco sin apretar un haz, admiro sinceramente la constancia de estos profesionales o aficionados, disciplinados en la exploración de los recovecos del pasado, en el rastreo de pistas  a las que puede que otros viajeros en el tiempo no prestaran la atención merecida o  interpretaran erróneamente. Entiendo la aventura, valoro el hallazgo.




Justo es que le reconozcamos el valor de sus trabajos, vertidos en publicaciones o en fugaces charlas como las de las jornadas de este fin de semana, donde nos ilustran entreteniendo, contaminándonos con algo de su pasión; todo un lujo. Resulta sintomático que casi ninguno de estos ponentes tenga actividad en internet para compartir más de sus conocimientos. Es una pena, mas entendible: el precio del saber es la celda oscura. 

Sean sus clases mis nuevos saberes aprendidos en algo más de un día. Sea la dehesa, la masonería, el Monasterio de la Caridad, las intrigas en la retaguardia franquista, las reliquias de la catedral, sean campanas y árboles gordos, barcos en la raya del Duero o historias de arrieros y bandidos a ritmo de pujo o tamboril.

Agradecimiento sincero a todos y cada uno de los intervinientes por su trabajo y sobre todo por compartirlo con nosotros: Juan José Sánchez-Oro Rosa, Carlos García Medina, Ángel de Luis Calabuig, Ángel Iglesias Ovejero, Mª. Paz de Salazar y Acha, Juan Tomás Muñoz Garzón, José Ignacio Martín Benito, José Ramón Cid Cebrián y Juan Carlos Zamarreño Domínguez.





Cambio del nombre del blog. Como expliqué en mi primera entrada, el "Mare Tranquilitatis" lunar estaba unido a la peor etapa de mi vida, lo que yo llamo "los años de la peste" y el misterio de los muros de una ciudad calmando mi angustia.

Hoy que volví a la vida, que todo lo considero una cuenta atrás,  una ajuste de cuentas con una década perdida, siento que aquel titulo ya carece de sentido. Prefiero ese guiño a Pessoa que dice tanto, también en el enlace a la página madre.