viernes, 18 de octubre de 2013

Ciudad Rodrigo y la bicicleta


Un artículo que dejé aparcado y a medio rematar, uno de tantos publicados hace unas semanas a cuenta de la "Semana de la movilidad europea".

No transitaré el lugar común de insistir en las ventajas, que a cualquiera se le deberían alcanzar y que bien podrían resumirse en el simple hecho de que ir a pie o utilizar la bici a diario, bastaría para aumentar nuestra calidad de vida como ciudad y ciudadanos. Al recorrer muchas ciudades de Europa, te sientes arropado por cientos, miles de bicicletas que como último y demoledor conclusión, implica retirar de sus calles el mismo número de motores empeñados en hacer ruido, ocupar espacio,  contaminar, hacerse con nuestros euros. 

El principal handicap en España, también en Ciudad Rodrigo, no es el hecho de que la ciudad no esté diseñada para el desplazamiento de bicicletas, sino que la mentalidad del ciudadano español común no se inclina por el uso de medios alternativos de transporte como la bicicleta, a la que perciben bien como amenaza, bien como peligro. De ahí que prescindir de la decisión de utilizar el coche en una ciudad como la nuestra, donde prácticamente todos los desplazamientos se pueden hacer a pie, puede resultar hasta chocante.

Es fácil cargar contra políticos, mas la cuestión es más compleja. Este es uno de esos temas al que periódicamente se le presta la atención que exigen esos días reivindicativos que tantas veces basculan entre lo postizo y lo ridículo, y sobre el que se vierte el bálsamo habitual de las grandes palabras vacías que todo el mundo espera  escuchar pero al que realmente no se le presta suficiente atención, al no considerarse prioritario. No hay que olvidar que a la minoría que demanda mejores condiciones de movilidad se la percibe como gente un poco rara. 

Yo, en ciudad y desde hace años, solo me muevo a pie o en bici, y aunque me sigo sintiendo algo extraño, reconozco que puede que, lentamente, algo haya cambiado durante los últimos años.  Hace unas semanas se publicó que en España ya se venden más bicis que coches, más de setencientas mil. Es evidente que el descenso en vehículos se debe a la crisis, pero también quiero pensar que  el aumento del parque ciclista tiene su origen en un incipiente cambio de mentalidad; un motivo para la esperanza. Me sigo sintiendo un francotirador -reconozco que algo integrista-, pero quizá en los últimos tiempos, algo menos y eso se debe aprovechar. 

Dejando aparte ajados llamamientos de políticos, rutilantes afirmaciones que vienen a ser poco más que cartón piedra para la galería, bajo a la calle y doy un par de consejos a esas personas, que seguro las hay, se plantean de vez en cuando volver a coger esa bici que tienen en la cochera desde hace cientos de años, que dudan o que simplemente descartaron la idea después de aquel domingo que decidieron marchar al pantano como cuando eran chavales, sufriendo lo indecible y soportando molestias durante toda la semana.

Volver a coger la bici tiene su manual de instrucciones y como todo en la vida, es bastante lógico. Prepara la bicicleta  o haz que te la revisen, ya que  probablemente estará pinchada, no cambie o no frene adecuadamente. Sobre la bici te sentirás torpe y fuera de lugar, más si pretendes andar en ciudad. Tienes que familiarizarte con ella. Es un proceso que requiere tiempo. Si llevas sentado en el sofá una década, a tu cuerpo no le gustará que le pidas subir cuestas, protestará y te pedirá que lo dejes tranquilo. Es una adaptación de meses que llegará poco a poco, pero no desistas, porque llegará el día en que para ti, montar en bicicleta será tan natural como caminar. No lo dudes, cualquiera,  a su ritmo, pueda regresar a la bicicleta.

Que los mayores vuelvan, puede ser una meta pero mejor aún sería que los niños no la abandonasen. En este punto sí que las condiciones de las vías y el uso que hagamos los usuarios, ciclistas y automovilistas, son esenciales. Bastaría cambiar algo de ira y hartazgo por respeto y responsabilidad.

Termino. A cuenta de dar a conocer "LA BICITECA", una página de libros y ciclismo, escribí unas líneas sobre  bicicletas. Ya os contaba que puede que, ciertamente, sea algo integrista.

Mi bicicleta habla de mí y yo hablo a través de ella.

Hablamos de libertad , nunca tan cercana como cuando casi siento amarrarla al pedalear con mis manos en el aire.

Hablamos de soledad, remediada al insuflar vida al metal.

Hablamos del silencio del esfuerzo honesto en busca de la cima.

Hablamos de miedos y problemas esquivados en cada curva del camino.

Hablamos de dolor y agotamiento, de la nieve de las montañas volviéndose negra.

Mas sobre todo hablamos del regreso y la sonrisa para contarlo.

Hablamos de Historia forjada por románticos campeones en blanco y negro en cimas de Alpes o Dolomitas.

También de  fugaces retazos de pequeñas  historias, de zumbidos de dinamos en carreras en noches de verano, de miradas perdidas de abuelillos fanfarrones contando aquel día que subieron en bicicleta la cuesta más dura del pueblo, dándole tan fuerte a los pedales que su recuerdo fue capaz de atravesar toda una vida

Hablamos de la aventura más audaz, sea  la vuelta al barrio o al mismo mundo.

 Si fueron y somos tantos sobre tantas bicis, todas distintas 

¿Por qué  nadie acertó a explicar esa desordenada pasión?