viernes, 19 de julio de 2013

Alrededor de "Un Dios prohibido"


Teniendo en cuenta la delicada naturaleza del tema, tras las previsibles y apresuradas críticas, prestas a cumplir con su beligerante papel,  comencé a ver la película precavido y con reservas, no solo frente a las prejuicios e ideas preconcebidas de los demás, sino a los que todos acogemos en nuestro interior sin querer reconocer o sin siquiera ser conscientes de ellos.

Cómo estará el patio en España cuando  poner el foco en una tragedia es posicionarse, cuando muchos interiorizan como una agresión que otro cuente una historia, que no calle. Es triste que se deslegitime al otro por sus propósitos, por su financiación, por su filiación. Debería estar de más, pero visto el percal, una primera e importante recomendación antes emitir juicios: ver la película. 

El escenario. Quizá debido a mi especial condición de republicano y cristiano, que siempre se me ha alcanzado plenamente coherente, veo las cosas de distinta forma. La Constitución de 1931 fue un texto avanzado para su tiempo, con un fuerte contenido dogmático de derechos y libertades nunca vistos por estas tierras, una oportunidad perdida, un vagón de enganche a Europa, ese tren perdido en tantas ocasiones durante siglos. Una realidad convulsa y los poderes fácticos en una Europa ya condenada y al borde del abismo, abocaron la iniciativa al fracaso. El papel de la Iglesia durante la guerra es una mancha, no hay más. Investir de cruzado a un ejército golpista que caminaba de la mano de Hitler y Mussolini y que liquidó las libertades y convirtió la represión sistemática del disidente en un apéndice fundamental para la conservación del poder, su fin último, no merece más que reprobación.

Acercando el objetivo, Aragón, Barbastro, julio de 1936, unos sucesos que desconocía. Me interesa particularmente ese periodo, esas semanas,. Ya le dediqué un artículo al Anarquismo, partiendo del libro de Hans Magnus Enzensberger, “El corto verano del anarquía”, en el que se describen los meses durante los cuales el movimiento anarquista, por una vez en el mundo, por una vez en la Historia, tuvo el poder real.

En el bando republicano, sobre todo en un primer momento, existe cierto vacío de poder que permite esta clase atropellos.Hace unos días, a cuenta de “Vida y destino”,  traía a colación una frase de Holderlin y que aquí vuelve a encajar como un guante al analizar los utópicos anhelos y las contradicciones del ideario anarquista: “Siempre que el hombre ha querido hacer del Estado su cielo, lo ha convertido en un infierno”. No cabe justificación o medias tintas. El horror es el mismo, parta de donde parta. Una víctima es una víctima y el único refugio seguro del hombre ha de ser el de sus derechos fundamentales e inherentes, sobre los que no debería existir frívola contemporización alguna.

En la película no hay reivindicación u odio. No es un panfleto. El tono es limpio y conciliador.En una guerra, la tragedia se vuelve cotidiana. El mensaje de la película es el de la denuncia de la violencia en sí misma. En el tema, no se me alcanza la diferencia con el retrato de aquella magnífica película francesa, “De dioses y hombres” sobre unos monjes decidiendo morir en un pequeño monasterio perdido de Argelia en 1996. Sesenta años después, la violencia es la misma. Carece de sentido ponerle apellidos. La intolerancia es el camino que no conduce a buen destino aunque es fácil hacer estas afirmaciones sobre el teclado, aquí y ahora. Lo complicado es defender esas ideas en los albores de una guerra,  en un ambiente enrarecido por sentimientos exaltados y emociones de corto recorrido.

Respecto a la factura de la película, con los medios contenidos con que cuenta ese pequeño y gran milagro mirobrigense que es Contracorriente Producciones, que creo no valoramos en su justa medida, se consigue un producto más que digno. Buenas interpretaciones y un guion correcto con sus puntos débiles pero muy apreciable en su conjunto. Una etapa en el camino, un estímulo para continuar con los dictados de esa pasión devoradora que es el cine para todos los miembros del equipo. De una cosa estoy seguro, la próxima será aún mejor.