domingo, 22 de diciembre de 2013

Soy Ciudad Rodrigo


ES CIUDAD RODRIGO una ciudad en la frontera, una frontera que no es montaña ni río que señale: “aquí”, “hoy”, “existo”. Una frontera  que es una raya inventada que bien podría estar cien kilómetros más allá o acá, un frontera que bien podría no ser, una raya de la que bien pudiera no haberse tenido noticia.

Nació ciudad frente a otra línea distinta, ciudad leonesa fundada cuando la frontera era el sur, cuando el sur era el oeste; el oeste como la llama de una nueva vida, al borde de una nueva era, cuando repoblar era partir vidas y abrir otras en canal, cientos de años antes de que, para el arrojado soñador, el oeste mudase en los misterios de la Mar Océana.

 Una ciudad en la frontera de ya casi mil años, con más guerras y sitios de los que podemos relatar. Una ciudad en la frontera ha de lucir  murallas, ha de, temiendo, amenazar. Una ciudad en la frontera  es una ciudad siempre en peligro, siempre presta a la lucha que peleando, aprende a pelear. Una ciudad en la frontera ha de saberse siempre a punto de caer, de perecer, de desaparecer aniquilada y sin embargo, sentirse poderosa y capaz.

También una vida, cualquier vida, es una ciudad en la frontera. Solo la vida en la frontera es vida.  Solo cabe vivir  si se lucha, si se defiende el existir, si venciendo, se sabe de lo fútil de lo conseguido, que nunca termina el camino, que ese es el cotidiano precio por cada nuevo amanecer.

Lo mismo que toda una cantera de piedra con forma de palacios podría perderse un metro o un siglo más adelante, todo tu mundo podría derrumbarse en la siguiente esquina de la vida y acaso entonces, bien poco importaría si tú o nosotros estamos aquí.

Aquel extraño hombre de Asís que pasó por aquí, nos enseñó más con ejemplo que con palabras, que tener no es más que perderse, que tener requiere defender lo que carece de valor, que ser nunca es tener, que para ser nos bastan las raíces. Ciudad Rodrigo podría ser destruida en tres días y aun así, no desparecer. Seguiría siendo una actitud, un estado, seguiría siendo yo.

Yo, que por principios reniego de banderas, que por formación, soy enemigo de cualquier nacionalismo, que desconfío escéptico de la Historia, más si es nuestra, porque dócil, siempre será más Historia de lo que debe, que reniego de doctrinas que solo sirven para arrebatar partes de mí, que levantan paredes con mis verdaderos hermanos, tantos lejanos, reconozco mi patria.

Una patria que viene a ser un barrio, poco más de lo que abarca una mirada sobre una tierra a la que siento mía cuando noto, terco y absurdo, el familiar tirón del hilo emocional, bien profundo, partiendo de raíces cada vez más hondas.

Tantos años de andares agradecidos entre sus muros, tantas vivencias meditadas o sin sentido que, a golpes, me fueron forjando a la sombra de una río preñado de vida, siempre el mismo, siempre distinto; valiéndome de sus aguas como espejo en el que anotar mis cambios y sobre todo mis ganas de cambio. tantas veces infructuosas y frustrantes; donde se fue amalgamando lento la mezcla de todo lo que soy, de todo lo que aprendí: todo aquello que me mal enseñaron como grande y también  lo más importante, lo pequeño. El Águeda, mi hermano, sigue su curso; yo el mío, caballos a galope en una carrera donde no cabe detenerse, ya que parar es morir.

Es mi pueblo, es mi identidad naciendo de las entrañas de una despiadada meseta castellana a la que mi destino se halla unido,  a una  tierra reino del hielo y el sol,  atrapado sin remedio por unos sillares y  un horizonte cuyas francas líneas me enseñaron a aguantar. En una ciudad repleta de ellos, mi escudo de armas no tiene ni leones, ni águilas, ni flores de lis. En mi escudo se encuentran esculpidos los dos verbos que me descubrió mi ciudad: aprender, soportar. Y aunque Ciudad Rodrigo cayera fulminado tras el Apocalipsis, puede que quedara mi trinchera o algo de mí enredado en un puñado de polvo, porque yo soy una piedra más, porque esta sí es mi tierra, porque yo también SOY CIUDAD RODRIGO.

viernes, 18 de octubre de 2013

Ciudad Rodrigo y la bicicleta


Un artículo que dejé aparcado y a medio rematar, uno de tantos publicados hace unas semanas a cuenta de la "Semana de la movilidad europea".

No transitaré el lugar común de insistir en las ventajas, que a cualquiera se le deberían alcanzar y que bien podrían resumirse en el simple hecho de que ir a pie o utilizar la bici a diario, bastaría para aumentar nuestra calidad de vida como ciudad y ciudadanos. Al recorrer muchas ciudades de Europa, te sientes arropado por cientos, miles de bicicletas que como último y demoledor conclusión, implica retirar de sus calles el mismo número de motores empeñados en hacer ruido, ocupar espacio,  contaminar, hacerse con nuestros euros. 

El principal handicap en España, también en Ciudad Rodrigo, no es el hecho de que la ciudad no esté diseñada para el desplazamiento de bicicletas, sino que la mentalidad del ciudadano español común no se inclina por el uso de medios alternativos de transporte como la bicicleta, a la que perciben bien como amenaza, bien como peligro. De ahí que prescindir de la decisión de utilizar el coche en una ciudad como la nuestra, donde prácticamente todos los desplazamientos se pueden hacer a pie, puede resultar hasta chocante.

Es fácil cargar contra políticos, mas la cuestión es más compleja. Este es uno de esos temas al que periódicamente se le presta la atención que exigen esos días reivindicativos que tantas veces basculan entre lo postizo y lo ridículo, y sobre el que se vierte el bálsamo habitual de las grandes palabras vacías que todo el mundo espera  escuchar pero al que realmente no se le presta suficiente atención, al no considerarse prioritario. No hay que olvidar que a la minoría que demanda mejores condiciones de movilidad se la percibe como gente un poco rara. 

Yo, en ciudad y desde hace años, solo me muevo a pie o en bici, y aunque me sigo sintiendo algo extraño, reconozco que puede que, lentamente, algo haya cambiado durante los últimos años.  Hace unas semanas se publicó que en España ya se venden más bicis que coches, más de setencientas mil. Es evidente que el descenso en vehículos se debe a la crisis, pero también quiero pensar que  el aumento del parque ciclista tiene su origen en un incipiente cambio de mentalidad; un motivo para la esperanza. Me sigo sintiendo un francotirador -reconozco que algo integrista-, pero quizá en los últimos tiempos, algo menos y eso se debe aprovechar. 

Dejando aparte ajados llamamientos de políticos, rutilantes afirmaciones que vienen a ser poco más que cartón piedra para la galería, bajo a la calle y doy un par de consejos a esas personas, que seguro las hay, se plantean de vez en cuando volver a coger esa bici que tienen en la cochera desde hace cientos de años, que dudan o que simplemente descartaron la idea después de aquel domingo que decidieron marchar al pantano como cuando eran chavales, sufriendo lo indecible y soportando molestias durante toda la semana.

Volver a coger la bici tiene su manual de instrucciones y como todo en la vida, es bastante lógico. Prepara la bicicleta  o haz que te la revisen, ya que  probablemente estará pinchada, no cambie o no frene adecuadamente. Sobre la bici te sentirás torpe y fuera de lugar, más si pretendes andar en ciudad. Tienes que familiarizarte con ella. Es un proceso que requiere tiempo. Si llevas sentado en el sofá una década, a tu cuerpo no le gustará que le pidas subir cuestas, protestará y te pedirá que lo dejes tranquilo. Es una adaptación de meses que llegará poco a poco, pero no desistas, porque llegará el día en que para ti, montar en bicicleta será tan natural como caminar. No lo dudes, cualquiera,  a su ritmo, pueda regresar a la bicicleta.

Que los mayores vuelvan, puede ser una meta pero mejor aún sería que los niños no la abandonasen. En este punto sí que las condiciones de las vías y el uso que hagamos los usuarios, ciclistas y automovilistas, son esenciales. Bastaría cambiar algo de ira y hartazgo por respeto y responsabilidad.

Termino. A cuenta de dar a conocer "LA BICITECA", una página de libros y ciclismo, escribí unas líneas sobre  bicicletas. Ya os contaba que puede que, ciertamente, sea algo integrista.

Mi bicicleta habla de mí y yo hablo a través de ella.

Hablamos de libertad , nunca tan cercana como cuando casi siento amarrarla al pedalear con mis manos en el aire.

Hablamos de soledad, remediada al insuflar vida al metal.

Hablamos del silencio del esfuerzo honesto en busca de la cima.

Hablamos de miedos y problemas esquivados en cada curva del camino.

Hablamos de dolor y agotamiento, de la nieve de las montañas volviéndose negra.

Mas sobre todo hablamos del regreso y la sonrisa para contarlo.

Hablamos de Historia forjada por románticos campeones en blanco y negro en cimas de Alpes o Dolomitas.

También de  fugaces retazos de pequeñas  historias, de zumbidos de dinamos en carreras en noches de verano, de miradas perdidas de abuelillos fanfarrones contando aquel día que subieron en bicicleta la cuesta más dura del pueblo, dándole tan fuerte a los pedales que su recuerdo fue capaz de atravesar toda una vida

Hablamos de la aventura más audaz, sea  la vuelta al barrio o al mismo mundo.

 Si fueron y somos tantos sobre tantas bicis, todas distintas 

¿Por qué  nadie acertó a explicar esa desordenada pasión?

miércoles, 21 de agosto de 2013

"Lovers", un inicio de altura



Nos pasa a todos. Vemos a los borrachos y juzgamos. Y ciertamente la mayoría tenemos más que sobrados elementos de juicio. Casi todos hemos bebido y nos hemos pasado de la raya  en alguna ocasión, hemos cruzado la frontera, directos a ese ridículo, que ajeno, incomoda o divierte.

¿Y si el mundo, y si la vida no fueran el teatro que contaba Calderón sino una  languideciente fiesta, ridícula por lo triste? ¿Y si enamorarse o querer enamorarse no viniera a ser otra cosa que beber más de la cuenta? Algo que sabes que te hará pasar un buen rato pero que tarde o temprano te sentará mal; un atolondramiento que te dejará mal cuerpo.

Rayuela cumple veinticinco años y claro, se merecía subir el telón de nuestra Feria. Un par de veces ya tuvieron mis merecidas líneas de elogio  a cuenta de los montajes de "Dogville" y "20 de noviembre" . Sabemos que la inseguridad  viaja inseparable del creador, pero de este otro lado, del del espectador, no se alberga duda alguna sobre la calidad de la propuesta de los de Valladolid. Tipos que no defraudan, que independientemente de lo que quieran contarme,  me darán mucho más de lo que les podría pedir, me sorprenderán, me removerán algo dentro, me harán pensar, me convencerán de que el precio de la entrada siempre fue barato.

Y ayer la apuesta era arriesgada. Tocaba celebrar cumpleaños y tocaba  fiesta. Un vehículo atípico, un peculiar musical; de Cole Porter, para más señas. En alas de sus letras, a través de unos personajes que  bien podrían no tener nombre, vueltas y revueltas a esa historia circular sin fin, que es la del hombre y el amor. Con toda su carga altamente inflamable de miedo al fracaso o a la soledad, de esperanza sin fin, de deseo, de vanas precauciones o fútiles seguridades. Y en definitiva, tal que ocurre en toda la música popular, lo que nos viene quedando no es una obra de amor, sino de desamor, siempre el gran tema.

Una pega: el cambio de tono del final, ese canto a la amistad y a la vida se me antoja algo postizo pero tal vez sea una tara genética mía, que me hace desconfiar de ese positivismo que nos inunda por momentos. Bien es verdad que hago trampas ya que yo, afortunado, no puedo más que creer en el amor, en la magia. Sí, en el destino.

domingo, 4 de agosto de 2013

Estrella de Simón Vela


Una cita prevista para principios de octubre que finalmente quedó aparcada por falta de asistencia Ayer la asistencia fue escasa pero bastó. Si buscas las razones para entender por qué te gusta el fondo, un entrenamiento como el de ayer disipará dudas. Disfruté enormemente del silencio de seis horas de lucha conmigo mismo durante una espléndida mañana de verano en un lugar tan especial para mí. Tal vez influya la peligrosa influencia de Tesson de cuyo libro ya contaré algo. La idea era, partiendo de La Peña de Francia, acometer el descenso y ascenso de los cuatro caminos que llevan a la cima: Maíllo, Monsagro, Casarito y El Cabaco, lo que el Ciego Sabino bautizó como "Estrella de Simón Vela".

Debido a una rebelde lesión en el biceps femoral latente desde abril y que cada vez que decido ponerme algo serio, amenaza con volver, apenas tengo entrenamientos de carrera en general y de monte en particular. El objetivo era completar la aventura e intentar hacer un buen entrenamiento de fondo y montaña cara a la gran aventura del año, el Anillo Vindio de Picos de Europa a finales de agosto. Teniendo en cuenta mi preparación y mi propósito, marqué un guion del que no me aparté en ningún momento: bajar trotando, subir andando ligero, rápido. 

Todo salió perfecto, ayudado de forma importante por el hecho de que durante toda la mañana, nunca hizo un calor excesivo. Balance positivo, especialmente la concentración durante todo el reto, tratando de mantener velocidades constantes hasta el final. Evidentemente he acabado muy cansado y dolorido pero no hubo disminución relevante de ritmo. Mentalmente iba preparado para afrontar la última subida "apajarado" y tratar de mantener la calma pero la situación no llegó. Salí a las ocho de la mañana en punto y tardé 5 horas y 58 minutos. Sí hubo calentón final por el pique conmigo mismo al tratar de hacer menos de seis horas, que me llevó al límite en el último y duro tramo, lo que tampoco es mala señal. 

El recorrido se puede hacer en bastante menos tiempo si se baja corriendo de verdad y se hacen un par de subidas corriendo aunque para ello hay que ir entrenado, sobre todo para soportar el peligroso terreno que restaría a partir de ahí, y que si no sabes gestionar con cabeza, te podría llevar al desfallecimiento y abandonar la aventura. Ya se sabe cómo va esto: si arriesgas, te puedes estrellar.



Aunque no los registré, os dejo los tiempos aproximados para cada camino -solo dudo en uno-. Sí os comento que apenas he perdido tiempo en nada que no fuera cargar agua y poco más. Una foto antes de comenzar, otra al terminar.

EL MAÍLLO (Hasta la pista): Descenso 32´  Ascenso 44´
MONSAGRO (Hasta la casa) Descenso 42 ´Ascenso 55´
CASARITO (Fuente):  Descenso 32´ Ascenso 50´ (Con desvío a Simón Vela a cargar)
EL CABACO (Zona llana de cercados): Descenso 35´ Ascenso 53´

*Combustible: una barrita de chocolate, cuatro gominolas (gordas), cuatro galletas, cuatro orejones y alrededor de dos litros de agua.

viernes, 19 de julio de 2013

Alrededor de "Un Dios prohibido"


Teniendo en cuenta la delicada naturaleza del tema, tras las previsibles y apresuradas críticas, prestas a cumplir con su beligerante papel,  comencé a ver la película precavido y con reservas, no solo frente a las prejuicios e ideas preconcebidas de los demás, sino a los que todos acogemos en nuestro interior sin querer reconocer o sin siquiera ser conscientes de ellos.

Cómo estará el patio en España cuando  poner el foco en una tragedia es posicionarse, cuando muchos interiorizan como una agresión que otro cuente una historia, que no calle. Es triste que se deslegitime al otro por sus propósitos, por su financiación, por su filiación. Debería estar de más, pero visto el percal, una primera e importante recomendación antes emitir juicios: ver la película. 

El escenario. Quizá debido a mi especial condición de republicano y cristiano, que siempre se me ha alcanzado plenamente coherente, veo las cosas de distinta forma. La Constitución de 1931 fue un texto avanzado para su tiempo, con un fuerte contenido dogmático de derechos y libertades nunca vistos por estas tierras, una oportunidad perdida, un vagón de enganche a Europa, ese tren perdido en tantas ocasiones durante siglos. Una realidad convulsa y los poderes fácticos en una Europa ya condenada y al borde del abismo, abocaron la iniciativa al fracaso. El papel de la Iglesia durante la guerra es una mancha, no hay más. Investir de cruzado a un ejército golpista que caminaba de la mano de Hitler y Mussolini y que liquidó las libertades y convirtió la represión sistemática del disidente en un apéndice fundamental para la conservación del poder, su fin último, no merece más que reprobación.

Acercando el objetivo, Aragón, Barbastro, julio de 1936, unos sucesos que desconocía. Me interesa particularmente ese periodo, esas semanas,. Ya le dediqué un artículo al Anarquismo, partiendo del libro de Hans Magnus Enzensberger, “El corto verano del anarquía”, en el que se describen los meses durante los cuales el movimiento anarquista, por una vez en el mundo, por una vez en la Historia, tuvo el poder real.

En el bando republicano, sobre todo en un primer momento, existe cierto vacío de poder que permite esta clase atropellos.Hace unos días, a cuenta de “Vida y destino”,  traía a colación una frase de Holderlin y que aquí vuelve a encajar como un guante al analizar los utópicos anhelos y las contradicciones del ideario anarquista: “Siempre que el hombre ha querido hacer del Estado su cielo, lo ha convertido en un infierno”. No cabe justificación o medias tintas. El horror es el mismo, parta de donde parta. Una víctima es una víctima y el único refugio seguro del hombre ha de ser el de sus derechos fundamentales e inherentes, sobre los que no debería existir frívola contemporización alguna.

En la película no hay reivindicación u odio. No es un panfleto. El tono es limpio y conciliador.En una guerra, la tragedia se vuelve cotidiana. El mensaje de la película es el de la denuncia de la violencia en sí misma. En el tema, no se me alcanza la diferencia con el retrato de aquella magnífica película francesa, “De dioses y hombres” sobre unos monjes decidiendo morir en un pequeño monasterio perdido de Argelia en 1996. Sesenta años después, la violencia es la misma. Carece de sentido ponerle apellidos. La intolerancia es el camino que no conduce a buen destino aunque es fácil hacer estas afirmaciones sobre el teclado, aquí y ahora. Lo complicado es defender esas ideas en los albores de una guerra,  en un ambiente enrarecido por sentimientos exaltados y emociones de corto recorrido.

Respecto a la factura de la película, con los medios contenidos con que cuenta ese pequeño y gran milagro mirobrigense que es Contracorriente Producciones, que creo no valoramos en su justa medida, se consigue un producto más que digno. Buenas interpretaciones y un guion correcto con sus puntos débiles pero muy apreciable en su conjunto. Una etapa en el camino, un estímulo para continuar con los dictados de esa pasión devoradora que es el cine para todos los miembros del equipo. De una cosa estoy seguro, la próxima será aún mejor. 

jueves, 30 de mayo de 2013

"Los desastres de la guerra". Exposición en el Palacio de los Águila.


Un obrero triturado al caer a una tolva de una siniestra fábrica durante la Revolución Industrial, un policía americano con el uniforme en llamas tras caer de su moto durante una manifestación de los sesenta, la "Carga de los Mamelucos" de Goya. Son algunos de mis recuerdos de niño. Son recuerdos del desasosiego que provocan las primeras imágenes de la violencia más pura en la  tierna mente de un crío. Imágenes que espantan y descolocan. Han pasado doscientos años. La vida y la violencia siguen siendo la misma. No hay diferencia entre la muerte a machetazos de un soldado en las calles de Londres o un rebelde sirio devorando el corazón de su enemigo. El horror, aplicado a su tarea, continúa representando su papel. Su efecto en un "yo" más maduro y curtido, tristemente es distinto. Es la aceptación de la derrota, de lo terrible como inevitable.

Toda la serie de "Los desastres de la guerra" que durante el verano se expone en el Palacio de los Águila de Ciudad Rodrigo  se construye, más que desde la denuncia, desde la resignación. Una rendición de la que ya dan cuenta alguno de sus amargos títulos: "Siempre sucede". "No hay remedio". "Enterrar y callar". Un ejército francés en numerosas ocasiones de espaldas, sin rostro, puede que el extremo de unas impersonales bayonetas ya que no vale la pena poner apellidos.  Es el ejército francés, es el Siglo XIX, pero bien pudo ser, bien será cualquier tiempo, cualquier lugar.

Nadie es inocente. Si la víctima torna en verdugo, la justicia no ha de ser justa cuando se encarna en tortura o descuartizamiento. Cuando la justicia consiste en ajusticiar. Mas cuando lo monstruoso es cotidiano, parece ridículo pedir desde ilustrados salones que no se vuelva a apretar el gatillo,  que ya pasó el tiempo de continuar degollando. 

Pero sí los hay que son más víctimas. Las mujeres más débiles en esas luchas, vejadas de continuo o esos niños sin futuro. Porque el futuro es quimera si sabes que la muerte ronda cada esquina, cuando la amenaza es permanente y la vida no vale una higa. Qué va a valer si asomado a tu ventana, ves carros atestados de cuerpos, perdida ya toda humanidad, transformada en poco más que kilos de carne y huesos. Esa misma muerte que ronda las calles de las ciudades de Irak donde nos parece escuchar mientras nos duchamos, que en abril murieron más de setecientas personas en atentados. 

Pero sí los hay que son más culpables. Los de siempre, los poderosos, los ricos, una Iglesia corrupta que predicando palabras de Dios, jura fidelidad al diablo. Nobles hideputas que generación tras generación, se dedican a esquilmar y asesinar al pueblo que solo es despojo. títeres de un extraño destino que retrata Goya casi esqueletos, muertos en vida.

Picasso también vio al diablo en las calles de Guernica y fusiló motivos de Goya para seguir contando lo mismo, entre el sueño y la locura de la fábula o el animal inventado. Lo mismo que hoy nos muestran reporteros en imágenes que paradójicamente, no transmiten más verdad que aquellos pintados rostros dolientes.

Causa un efecto extraño que a la exposición le acompañe la máscara de un Napoleón recién fallecido en Santa Elena. Dueño de calma y paz interior que se antoja fuera de lugar,rodeado de una muestra del horro del que asoló Europa y  del que  él fue tan responsable; como tantos otros que fueron y serán, no más que para satisfacer pueriles vanidades. Toda la pena que revienta esas dos habitaciones debería encarnarse en los fantasmas que atormentaran su descanso eterno, que hicieran quebrar en pedazos esa máscara de paz.

Hoy, 30 de mayo de 2013, los responsables del horror, en Siria o en Virginia, siguen durmiendo cada noche en paz.







domingo, 5 de mayo de 2013

Ciudad Rodrigo, Mare Tranquilitatis



Aunque periódicamente han aparecido artículos relacionados con mi ciudad en "KAMIKAZES ENAMORADOS", y aunque seguiré compartiendo los enlaces para el que le interese, he decidido que todo lo relacionado con mi ciudad se irá a un canal independiente, "CIUDAD RODRIGO, MARE TRANQUILITATIS".

"Mare Tranquilitatis", es el nombre que se le dio al paraje lunar en el  que aterrizó el módulo del Apolo XI. Ciudad Rodrigo como planeta inanimado, como asombroso e inerte decorado construido para que un privilegiado puñado de pobladores nazca y muera a la vera de sus muros.

"Mare tranquilitatis" porque durante tantos de los años más difíciles de mi vida, sus calles y sus piedras, sus noches de invierno en soledad me proporcionaron sosiego y alivio cuando más lo necesitaba, me reconfortaron de forma extraña; porque repitiendo paseos desde niño,  siempre son diferentes, llegando a preguntarme por el secreto del apego a un río o a unas formas sin vida. 

El fin del proyecto, mi declaración de intenciones será Ciudad Rodrigo  desde mi ventana. Aproximaciones a lo mío, a lo que me llega y me llena, una suerte de agenda cultural  de actualidad con convocatorias y artículos sobre las citas que me interesen y a las que pueda acudir, mas también una agenda  del pasado. Porque el milagro de Ciudad Rodrigo es su especial naturaleza, la que explica que aparte de los sucedidos, la ciudad sucede a diario desde el silencio, sin moverse. De ahí nace mi voluntad de dedicar artículos a alguno de sus emblemas o rincones más escondidos, a Historia o historias que conozco o conoceré y a las que daré mi lectura, mi criterio, mis señas de identidad, mi cuidado y esmero. El apresurado, superficial y por otra parte, lógico tratamiento de los medios al uso, no me sirve, me falta algo más y las reglas las marco yo.

En fin, una declaración de amor a mi ciudad.

Vale.